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Europa como comunidad


en su lucha vital


Ediciones EL ÚLTIMO AVATARA AUTORIZA Y RECOMIENDA LA REPRODUCCIÓN Y DIFUSIÓN

POR CUALQUIER MEDIO DEL SIGUIENTE TEXTO, AGRADECIENDO SEA CITADA SU

PROCEDENCIA.


INDICE

Página


NOTAS DE LA EDICIÓN

1


PRÓLOGO

3


DR. HANS BÄHR (Alemania):


EUROPA COMO COMUNIDAD EN SU LUCHA VITAL


4


EXCMO. SR. SERAFINO MAZZOLINI (Italia):


LA CULTURA DE LA ANTIGUA ROMA, COMO FACTOR DE LA UNIDAD EUROPEA


13


PROF. DR. J. M. CASTRO-RIAL (España):


LA MISIÓN DE LAS NACIONES EUROPEAS


22


PROF. DR. WILHELM ZIEGLER (Alemania):


LA IDEA DEL ORDEN EN LA HISTORIA EUROPEA


26


PROF. DR. H. H. AALL (Noruega):


^ IDEOLOGÍA Y ORDENAMIENTO JURÍDICO EN LA REORGANIZACIÓN DE EUROPA


39


DR. YRJÖ VON GRÖNHAGEN (Finlandia):


EUROPA, CARA AL ESTE


44


COMANDANTE WALTER TRÖGE (Alemania):


EL IDEALISMO MILITAR Y LA UNIÓN DE EUROPA


50


PROF. JANKO JANEFF (Bulgaria):


^ EL ESPÍRITU EUROPEO


59


ALBERTO MARIO CIRESE (Italia):


LA CONCIENCIA EUROPEA


63


DR. CRISTIAN CARP (Dinamarca):


EVOLUCIÓN Y FUTURO DE LA JUVENTUD ESTUDIANTIL EUROPEA


66


PROF. DR. HUNKE (Alemania):


^ TRABAJO Y MILICIA COMO SILLARES DE EUROPA


72


NOTAS DE LA EDICIÓN:


Ediciones EL ÚLTIMO AVATARA tiene el honor de presentarles la edición de las

conferencias europeas reunidas bajo el título “EUROPA COMO COMUNIDAD EN SU

LUCHA VITAL”, correspondientes al 1er Congreso de Estudiantes y

Combatientes, celebrado en la ciudad de Dresde en 1942. En ellas, una

representación la juventud idealista y combatiente de la Nueva Europa,

discurre acerca del hecho europeo, en el pasado y en el presente, así como

establece las bases sobre las que la Europa del futuro debía asentarse. De

ellas se pueden extraer dos ideas:


1) El establecimiento en el futuro de un marco común europeo, para

solucionar las necesidades y problemas en distintos ámbitos (cultural,

político, jurídico, etc...
) a los que la estructuración de los Estados

nacionales no podían dar respuesta. Dicho marco no se basaría en aspectos

puramente económicos o materiales, sino que, principalmente, habrían de

fundarse en los caracteres naturales comunes, de cuyo continuo aporte por

parte de todos y cada uno de los Pueblos europeos en las distintas épocas

logró Europa su grandeza cultural y civilizadora.


2) La conciencia europea como factor aglutinante de los diversos pueblos que

la componen. No se trata pues, de un concepto imperialista en el cual uno de

los pueblos somete a los demás aniquilando sus identidades propias y

caracteres específicos, sino de una verdadera voluntad común basada en el

respeto a las diferencias intrínsecas.


La concreción de esa conciencia europea, cuyos primeros atisbos vemos en

estas conferencias europeas, se forjaría y arraigaría definitivamente en el

frente, donde la elite de esa juventud europea, luchando bajo una sola

insignia, entregaría su vida por la Idea, por esa Nueva Europa en ciernes.


Publicaciones como “La Joven Europa”, editada igualmente por el Intercambio

Cultural Académico dan muestras de ello. Siendo esta juventud, vanguardia de

los respectivos movimientos europeos en oposición a los esquemas

decimonónicos, nacionalistas e imperialistas que en algunos sectores de

dichos movimientos aún existían, el portaestandarte del la Nueva Europa a

construir, su influencia se dejaría notar en todos los movimientos

Nacional-Revolucionarios posteriores a la contienda, depositarios de esa

gran conciencia europea.


PRÓLOGO


Europa se encuentra en una vertiente histórica decisiva. Se ha superado la

impotencia de la obra de descomposición británica y aparece con más claridad

que nunca la antigua afinidad de la sangre y de la solidaridad de espíritus

en el sentimiento natural de una compenetración. Entre la discordia y la

angustia se han encontrado unos a otros los pueblos de la zona vital europea

y se han incorporado al frente común contra un mundo materialista sin

cultura y sin alma. Versalles es la clara advertencia y el sangriento

imperio del bolchevismo, el pavoroso ejemplo de lo que amenazaba a Europa.

Por esto los pueblos europeos luchan contra la esclavitud y la decadencia

por una vida de libertad y de paz social. En esta lucha la alianza de las

plutocracias con el bolchevismo destructor de la cultura ha sacudido incluso

a los más reacios.


Casi toda Europa se ha unido en la cruzada de las armas y de los espíritus.

Mientras las armas están decidiendo la lucha todavía, los espíritus tienen

que preparar ya los cimientos de la nueva Europa. La colaboración en esta

obra es la tarea más urgente de todos cuantos, espiritualmente activos,

tengan conciencia de su responsabilidad. Y esto tanto más cuanto que los

verdaderos valores de Europa son de naturaleza espiritual y cultural. Toda

reconstrucción exige la incorporación estímulo de esas fuerzas espirituales

y culturales. Sólo de esta tradición pueden salir los pilares de un duradero

porvenir europeo.


Estas conferencias pretenden fomentar el intercambio intelectual sobre la

reconstrucción espiritual de Europa y estimular el estudio de los problemas

fundamentales. En esta obra se han recogido en lo esencial conferencias

pronunciadas en el primer Congreso europeo de estudiantes y combatientes

celebrado en Dresde en 1942. Se han añadido para completar otros trabajos

que han parecido importantes y adecuados en esta obra. El sentido y la

finalidad de este libro es excitar la idea y el tema de la nueva Europa y

servir de estímulo para nuevos pensamientos. El editor está convencido de

que un intercambio intelectual sobre estos problemas puede ser el camino más

fecundo para que todos los pueblos europeos lleguen a la comprensión y

solución del gran tema:


^ “UNIDAD EUROPEA”


DR. HANS BÄHR


EUROPA COMO COMUNIDAD EN SU LUCHA VITAL


Siglos hace ya que los pueblos europeos se sienten como una comunidad

cultural que encuentra su más sublime expresión en el hecho de que los

grandes maestros del pensamiento, del color o del sonido gozan de admiración

general en todo el continente y sintieron también a menudo entre sí como

fuerzas complementarias, tendiéndose la mano por encima del tiempo y del

espacio para constituir juntos una alianza fructífera. La filosofía griega,

la pintura española, el renacimiento italiano, la matemática francesa, el

clasicismo alemán, son manifestaciones todas admiradas en Europa entera como

fruto de raíces comunes y comprendidas como construcción elevada sobre

postulados también comunes. Ha sido preciso que llegaran nuestros días para

que una voluntad potente que todo lo arrastra colocara a esta comunidad

cultural ante el problema de, o convertirse en una comunidad combativa o

perecer, de, o luchar juntos o aniquilarse separados. Forjar a Europa un día

como comunidad vital duradera, partiendo de esta contienda decisiva por su

existencia, es el cometido histórico que a nosotros, los jóvenes, nos

compete en los decenios próximos.


El sino eterno nos ha situado dentro de una vivencia temporal de mayor

significación para la historia europea en general que cualquier otro

acontecer desde la aparición del cristianismo en el mundo de la antigüedad

clásica. Para nosotros todos, en tanto que soportes de un proceso tan

gigantesco, ha de ser instructivo aprehender también espiritualmente los

elementos de su devenir y conocer así las leyes profundas de este fenómeno,

el más notable de nuestra propia historia.


Concentremos nuestros pensamientos en torno a aquellas leyes que obran en lo

más íntimo de los procesos históricos y que determinan también el nacimiento

del nuevo orden de la comunidad europea. Estas leyes pueden resumirse en dos

fórmulas:


Primera:


La fuerza más potente en la vida de los pueblos es el instinto de

conservación y el de procreación.


Segunda:


El Único camino que hace posible el desarrollo del instinto de conservación

es la lucha, fenómeno que domina el universo entero de los seres vivientes.


Estas leyes eternas de la naturaleza no pueden ser conmovidas por el hombre,

ni hay ideología o resistencia que las afecte. Estas leyes determinan la

lucha por la vida de los individuos tanto como la de los pueblos y la de la

naturaleza entera, cuya unidad viva ha sido puesta de manifiesto

convincentemente en los últimos años por el gran filósofo alemán Ernst

Krieck.


Veámoslo en detalle:


1. Toda planta y todo animal obedecen al impulso

irresistible de la conservación y de la procreación, y no pueden vivir sino

como fenómeno combativo. El suelo en el que la planta hinca sus raíces

contiene sólo una cantidad determinada y limitada de las sustancias

alimenticias que el reino vegetal precisa. Innumerables son, sin embargo,

las plantas que quieren crecer en él. Algunas de ellas logran asegurarse las

materias alimenticias necesarias; otras no. Las unas florecen, mientras que

las otras mueren. Por su parte, las más fuertes se desarrollan sobre la base

del nitrógeno del suelo procedente del proceso de descomposición de las

plantas muertas. También en el mundo vegetal sólo de la lucha surge

eternamente la vida. La misma ley domina el reino animal. Todo lo viviente

lucha y también el hombre, en tanto que ser viviente de la naturaleza, se

halla sometido a la misma ley de hierro.


Sólo en eterna lucha se ha hecho grande la humanidad. También en ella decide

aquella ley natural que, en una suerte de prueba continua, da el triunfo en

este mundo al derecho más natural, a saber, al derecho de la decisión

combativa, el cual —según nuestra íntima convicción— visto bajo la

perspectiva de la permanencia histórica, es también siempre el derecho de la

capacidad innata. Esta ley permite triunfar, simultáneamente con el más

fuerte, al más valeroso y al elegido. Al débil, enfermizo del cuerpo,

empero, y también —gracias le sean dadas a Dios— al intelectual, degenerado

de alma, esta ley acostumbra a aniquilarles históricamente en consecuencia

radical.


2. La lucha de la naturaleza no se lleva nunca a

cabo por seres aislados, sino siempre por asociaciones, por especies o

grupos animales o vegetales o por comunidades humanas. En esta contienda el

individuo figura siempre como representante de un grupo mayor y no como

fenómeno autónomo, un hecho que diferencia fundamentalmente nuestra idea de

la lucha por la vida de otras teorías pretéritas sobre la misma. La

ideología liberal del individuo aislado no coincide con la realidad. Por

doquiera que sigamos la huella del hombre, incluso en las épocas

prehistóricas, nunca le encontramos como ser autónomo, y aun en los tiempos

más remotos no podemos hallarle casi nunca sino en tumbas situadas unas

junto a otras. Sus mismas condiciones naturales de conservación y

procreación no le permiten vivir sino en comunidad con otros seres humanos

de una generación más. Con ello nos situamos conscientemente en una

oposición insuperable frente al liberalismo y frente a la por él proclamada

autarquía del individuo. Este conocimiento de que el instinto de

conservación de los seres sólo en asociaciones puede cumplirse eficazmente a

través de la lucha, nos pone frente a un concepto que hoy por primera vez

quisiéramos insertar como piedra sillar en el pensamiento europeo: el

concepto de la asociación fundada sobre la lucha por la vida.


3. La magnitud cuantitativa de estas unidades que

llevan a cabo la lucha por la vida puede ser sumamente varia. Es corriente,

especialmente en el mundo humano, la expansión por la reunión de unidades

menores en asociaciones mayores. La norma directiva para ello habrá de ser

la de la eficacia en la lucha por la vida, en el sentido del logro de

posibilidades de mando que aseguren un éxito mayor. Que esta motivación obre

consciente o inconscientemente no es decisivo para nuestras consideraciones.


4. Por mucho que varíe el tamaño de las

asociaciones, las reglas que determinan a) su fuerza y b) su estructura en

la lucha por la vida son invariables y permanentes.


a) Al igual que la fuerza física, tampoco puede

elevarse la fuerza de los seres vivientes en sus asociaciones a eficacia

máxima sino por la unión íntima, mientras que la diseminación en una serie

de corrientes aisladas centrífugas produce siempre debilidad. Bajo el punto

de vista histórico, la unión cerrada de las energías de una asociación

basada en la lucha por la vida es siempre fundamento de grandeza, al

contrario de la división que equivale siempre a decadencia. Para una

asociación basada en la lucha por la vida tiene, pues, validez la siguiente

ley de energía; cohesión interior crea fuerza hacia el exterior, y

viceversa.


b) Esta cohesión ha de comprenderse en lo esencial como una

unidad de dirección de las fuerzas del deseo y de la voluntad que, nacidas

del instinto de conservación, se expanden en el medio ambiente, unidad de

dirección que conduce después también a ciertas formas unitarias. Esta

dirección no es, empero, como no lo es en la asociación animal, una

uniformidad de todos los miembros ni un fenómeno unitario según el principio

de estructuración de los elementos en Química. Como es sabido, también la

asociación animal se compone asimismo de seres múltiples y diversos. Con

ello queda formulada la ley estructural de tales asociaciones: fuerzas

diversas confluyen en una acción unitaria en cuanto a la dirección.


5. La diversidad de los miembros de la asociación no es sólo una

diversidad en lo que a las condiciones naturales se refiere, sino también en

lo que al valor afecta, para el cual no podemos considerar como medida en

este momento sino la diversa aptitud de los individuos en la lucha común por

la vida. La naturaleza entera se halla edificada sobre la base de esta idea

aristocrática fundamental.


6. Otra idea de carácter decisivo: En una asociación de este

tipo no sólo dependen los miembros de la misma en su existencia de la

existencia de la totalidad, sino que participan además por término medio e

invariablemente de la fuerza ascendente o descendente de la totalidad. Por

esto, nunca podrá servir mejor a lo que puede llamarse su propio provecho,

que dejándose guiar por el instinto que les lleva a colaborar efectivamente

en la asociación. El provecho de la totalidad es también el provecho del

individuo, así como la catástrofe de todos es el peligro para todos.


7. Una asociación basada en la lucha por la vida es más fácil de

reconocer desde fuera que desde el interior. Es en sus fronteras, y como

consecuencia de que allí se estrellan las fuerzas enemigas, donde la

asociación alcanza consciencia singular de su unidad.


8. El hombre es el único ser viviente al que ha cabido la

bendición de recibir los dones del fuego prometeico. Sólo él posee con el

libre albedrío y con la capacidad creadora la posibilidad de hacer Historia,

y sólo él es capaz, por eso, de desarrollar una forma de asociación

exclusivamente suya, que ni el animal ni la planta conocen: la asociación

para la lucha por la vida, sublimada a la categoría de comunidad por la

Historia y por la energía creadora.


Esta asociación para la lucha por la vida, elevada, como queda dicho, a la

categoría de comunidad en el hombre, se halla sometida, en tanto que

fenómeno natural, a las mismas leyes que las otras asociaciones de los seres

vivos. En la comunidad humana, empero, y dada la capacidad del hombre para

la formación creadora de la Historia, estas leyes adquieren un sello

característico único y que sólo existe en el hombre.


Ahora bien, ¿qué significan para la unificación de Europa estos siete hechos

fundamentales de los procesos vitales vegetales, animales y, sobre todo,

humanos?


La respuesta decisiva a esta cuestión puede darse inmediatamente y con una

sola frase: Europa es una asociación para la lucha por la vida y, por tanto,

una comunidad vital.


La historia europea, por su parte, es el libre juego de fuerzas debatiéndose

por precisar definitivamente la forma que hoy vive su alumbramiento.


Por primera vez en los tres milenios de historia europea ha avanzado Europa

como realidad en la esfera de la clara consciencia. Retrospectivamente vemos

hoy repentinamente estos tres milenios como una acción de trazos

esencialmente unitarios, es decir, como una acción europea. Las magnas

figuras geniales de la política, los héroes incomparables de la guerra y los

espíritus únicos de la cultura, del arte y de la ciencia que han conducido e

interpretado a nuestros pueblos desde la primera olimpiada de los griegos

hasta nuestros días, desde la batalla de Maratón hasta el frente ruso

actual, todos ellos han sido fuerzas de un proceso unitario en sí y, a pesar

de su diversidad, todos factores comunes en el juego europeo.


Tan grandiosas percepciones del acontecer sólo acostumbran a madurar en

grandes espacios de tiempo. De igual manera que el hombre ha precisado de un

desarrollo de amplias proporciones temporales para darse cuenta de la

conexión entre la fecundación y el alumbramiento, o, para tomar otro

ejemplo, de igual manera que el conocimiento del valor y de la esencia del

carácter nacional de los pueblos no se ha desenvuelto sino muy lentamente,

así también sólo rasgo a rasgo, en el curso de los siglos, se ha conocido y

comprendido la comunidad europea de lucha por la vida.


Ya Platón habló de Europa, y tras él una y otra vez ha habido espíritus

proféticos aislados que han percibido la corriente europea fundamental bajo

el ir y venir de las olas de nuestros pueblos. En las horas del peligro

máximo los pueblos han encontrado también por sí mismos el camino de la

defensa común, pero sólo para separarse después, una vez pasada la angustia

del momento, y para retornar a la lucha recíproca.


Europa como comunidad vital coincide hoy en el espacio del continente

habitado por nosotros los europeos. Como sabemos, esto no fue siempre así.


Cuando la magnífica Grecia soportaba todavía sola a Europa sobre sus hombros

olímpicos, luchando en su forma inolvidable en Maratón, en las Termópilas,

en Salamina y Eurymedón en defensa del templo de Europa contra los ataques

de elementos extraños, el espacio sobre el que tenía lugar la contienda era

tan limitado en comparación con el de hoy como limitado era el número de los

defensores de la esencia europea en comparación con el de nuestros días. La

Roma clásica, que más tarde iba a tomar en su mano robusta la antorcha

europea, vivía ya en dimensiones harto mayores. La mirada de Escipión, de

César y de Augusto abarca dimensiones europeas incomparablemente mayores en

el suelo y población de lo que un día pudieran hacer los ojos de Milcíades,

Temístocles, Leónidas y Cimón. Del encuentro del arte del Estado romano con
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